Concha
Dos individuales costeros: el individual Shell y el individual Reef.
El nácar tiene una iridiscencia natural que cambia de color según te mueves, así que no es ni el lustre único de una perla ni el destello puntual del vidrio tallado. Esa cualidad intermedia es la razón por la que el nácar funciona en una mesa pensada para verse arreglada sin verse formal: un almuerzo, un porche, una cena de verano. Además convive con los azules, los tonos arena y la madera cruda que una habitación costera suele ya tener, donde la pedrería competiría con ellos.
Mantén tranquilo el resto de la mesa y deja que el individual sea la textura. Para más brillo en el mismo registro cálido, los individuales metálicos con cuentas son el siguiente paso.